LA ANSIEDAD EN LOS NIÑOS: Resultado de Nuestro Tiempo
- Jesica Kuwae
- 30 mar
- 3 Min. de lectura

En los últimos años, hemos notado en nuestros niños algunas conductas relacionadas con indicadores de ansiedad que antes no creíamos posibles en la población infantil. Y es que el mundo ha cambiado, existen mucho más estímulos a nuestro alrededor que atender y la sociedad nos lleva a alcanzar más objetivos en corto tiempo.
Podemos definir ansiedad como una emoción propia del ser humano, respuesta a una situación específica o a la posibilidad de una amenaza o peligro. Es una sensación displacentera, de tensión e incomodidad que tiene además componentes físicos: sudoración en las manos, aceleración de los latidos del corazón, mareos, sensaciones de ahogo, nauseas, algún tic nervioso, etc.
Es necesario diferenciarla de la fobia, que es el temor exagerado, desmedido y no controlado hacia una situación u objeto específico. La persona no puede estar en presencia del elemento en cuestión o aproximarse siquiera al contexto que le produce el temor. Esto se prolonga considerablemente en el tiempo. Se conduce en forma irracional y puede, incluso, no medir el peligro. Por ejemplo, una persona que tiene fobia a las arañas es capaz de cruzar una calle sin tomar en cuenta los autos que pasan, por escapar de una de ellas.
En el caso de los niños, hablamos de indicadores o trastorno de ansiedad cuando:
1.- Empiezan a presentar conductas de ansiedad (emocionales y físicas) sin un motivo específico aparente o con estímulos inofensivos.
2.- Deja de realizar alguna actividad normal, por ejemplo: prefieren quedarse en casa que ir al parque a jugar; por evitar una situación.
3.- Hay algún cambio en la conducta usual: sueño, apetito, mucho llanto, sobresaltos, pesadillas, busca la compañía de un adulto todo el tiempo.
4.- Indicadores psicosomáticos: dolor de panza, dolor de cabeza, palpitaciones; sin origen físico específico.
5.- Realizan preguntas reiterativas y muestran preocupación excesiva por sucesos que pueden pasar.
¿Existen causas específicas para que estos indicadores de ansiedad aparezcan en los niños?
Se debe tomar en cuenta la edad que tiene el niño. Durante el desarrollo, los niños pasan por etapas de cambios y exposición a situaciones nuevas que, por lo general, les producen ansiedad pero no necesariamente es motivo de alarma. Por ejemplo, cuando aprenden a diferenciar rostros conocidos de los que no lo son (6 meses), despertarse en la noche por temores nocturnos (2-3 años) el primer día de escuela, etc.
Por otro lado, en el proceso de aprendizaje también pueden tener experiencias que no son placenteras; por ejemplo, caerse de la bicicleta mientras está aprendiendo a manejar y luego no querer subirse nuevamente. También influyen situaciones específicas de cambio, por ejemplo: cambio de colegio o separación de los padres. En estas circunstancias es natural y hasta esperado que existan indicadores de ansiedad en los niños.
Pueden darse algunos factores que ayuden a incrementar la conducta de ansiedad: pasar por una situación embarazosa en el aula y recibir la burla de los compañeros, no tener herramientas para integrarse al grupo social, sentirse menos competente que los demás en algún aspecto; todo esto puede desencadenar mucha ansiedad para asistir a la escuela. Además, desenvolverse dentro de una dinámica familiar con características de ansiedad también hace que el niño aprenda estas conductas. Padres que se muestran muy temerosos, que continuamente están dando advertencias para que no pasen experiencias negativas, hablando de lo malo que les puede ocurrir si no toman recaudo; que no les permiten exponerse a situaciones nuevas de aprendizaje.
¿Cuándo se debe buscar ayuda?
Cuando estas conductas se prolongan en el tiempo; cuando no es suficiente con la presencia o las palabras de papá, mamá o algún familiar significativo y las estrategias cotidianas no dan resultado, es necesario consultar con un especialista para poder superar saludablemente estos inconvenientes.
El abordaje que se le da a los niños que presentan un trastorno de ansiedad, depende mucho de la orientación: psicoterapia cognitiva-conductual, psicoterapia de juego, psicoterapia a través del arte. Y el tiempo que dura el proceso se relaciona directamente con la edad y etapa en la que se encuentra el niño, su ritmo personal y el acompañamiento de los padres.
Jesica Kuwae Goto
Psicóloga Infantil
Danza movimiento terapeuta


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